27 may. 2011

"Incluso, quizás yo tendría que haber pensando en que eso era lo mejor, pero aunque no quisiera, mi mente no dejaba de idear cosas. Respiré hondo y me fui a darme el tan dichoso baño, dejando correr, primeramente, un poco de agua, hasta que me fui desvistiendo y me miré al espejo. No reconocía del todo el rostro que se reflejaba en el vidrio, algo me decía que había cambiado, mas no encontraba nada extraño: tenía un par de ojos, orejas, nariz y boca, todo estaba en su lugar. Tampoco tenía manchas o lunares de nacimiento, mi piel se veía medianamente decente y las ojeras ya eran algo con lo que convivía desde que había dejado la casa de mi madre. Entonces, ¿qué mierda era? ¿Por qué no me veía igual, a pesar de tener exactamente lo mismo? El vaho del agua caliente, pronto empañó el espejo, así que la figura que allí se reflejaba se veía difusa..."

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