8 mar. 2011

Parezco un animal enjaulado.

Recorro las habitaciones anhelando tanto, tanto que me duele el pecho. Corro hasta la ventana y sostengo con fuerzas las rejillas que cuidan este pedazo de hogar que da cara a la libertad de las calles. Cualquier sonido insignificante hace que mi piel se entumezca hasta el sonrojo. Tengo calor... tengo tanto calor y anhelo. Intento mover las rejillas pero están tan bien aseguradas que no provoco ningún estremecimiento.

¡Un animal enjaulado!

¡Por qué no vienes rápido a por mí!

Esperarte me hace daño. En esta posición de desconsuelo mi cabeza parece estallar. Sí, reventarse en trozos que sólo te contienen. ¡Porque te ansío! Porque los segundos que se alejan no se van llevándote lejos con ellos, por cada uno que se va un recuerdo tuyo se almacena en mí. Hay tantos que pienso que enloqueceré.

¿Dónde estás?



Amo como escribe
Tan egoistamente él.

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